La geografía tabacalera argentina es dual y desigual. El Noroeste (NOA) —Jujuy, Salta, Tucumán, Catamarca— concentra la producción de Virginia con lógica empresarial y capital intensivo. El Noreste (NEA) —Misiones, Corrientes, Chaco— produce Burley y Criollo bajo lógica de agricultura familiar y minifundio. Esa dualidad no es una particularidad técnica: define quién recibe qué del FET, quién tiene voz política y quién no.
A esa dualidad se le suman dos anomalías que saltan a la vista cuando uno mira los números. Tucumán crece un 12,1% mientras todo el país cae; no es por la calidad de su hoja, dice el autor, sino por la de su dirigencia. Y Misiones mantiene la superficie plantada pero triplica la producción declarada en la campaña 2024-2025, un salto inexplicable salvo por una vía: el contrabando de tabaco brasileño que ingresa para cobrar FET local. Donde el sistema permite arbitrar, alguien lo arbitra.